▬A line allows a progress, a circle does not. ○

26.11.10

chroniques d'une longue journée


No sé bien si era peor haberme despertado a las 7 de la mañana o haberme ido a dormir relativamente temprano, para luego no poder dormir practicamente nada por las ansias.
De todos modos, la vestimenta ya estaba planeada, extendida sobre mi cama. El bolso fue cuidadosamente preparado: intenté llevar la menor cantidad de cosas posibles, pero se me hizo imposible.
Igual, como bien se dice, la tercera fue la vencida, y descarté por completo varios objetos qe necesitaria pero cuya función podria tratar de reemplazar con alguna otra cosa. (vida adolescente?)
Nerviosa, por supuesto, subí al auto y esperé paciente y callada todo el largo viaje.
Al recibirme el lugar de encuentro, suavemente iluminado por el resplandor matutino, me senté en una escalinata fumando compulsivamente.
La bruma despertina qe corría por entre mi remera holgada y mis shorts de jean grandes me daba un tenue escalofrío y a su vez me reconfortaba.
La idea de qe todo iba a salir perfecto estaba ya instalada dentro de mí, pero la inqietud me seguía mareando a pesar de todo.
La ciudad me saludaba agradablemente; un rayo de sol acariciaba mi pelo y otro golpeaba violentamente mi ojo derecho. Tenía las lentes en mi cartera, pero no iba a sacarlas por nada del mundo.
Encendí resignada la música, debido a qe la espera tal vez sería larga. En realidad lo hice para aplacar mi deseo de resolver todos los trámites.
Llegada la hora del encuentro y pasados los legales 10 minutos de espera, apareció cual redentora de mi nerviosismo apocalíptico.
Eso sentía, fin de mundo.
Compramos más cigarrillos y fuimos al viejo café tradicional. Igual no iba a poder comer nada, tenia un bloqeo terrible y el estómago mas qe cerrado, escupiéndome.
No había podido cenar, ni mucho menos desayunar, e iba a necesitar esa estúpida energía.
Después lo resolvería, pensé.
Pases mágicos de documentos sobre la mesa, cambio de pertenencias y cambio de identidades solo por un día... Bah... Dos.
Era tan divertido y clandestino, y sin embargo no había sentido esa adrenalina qe debe perseguir insistentemente a un narcotraficante.
Luego de asqeada por té, nos resolvimos a caminar y caminar, primero comprando Boligoma, y luego posteriormente viendo vestidos de la nueva temporada para adornarnos.
Decir qe corría por las calles del angosto centro era poco; volaba entre ellas, o estaba al borde del despegue.
Casi compro aros, pero decidí controlar mis ímpetus.
Ya sobre la hora de partida, en la terminal y con muchas palabras dichas siguiéndonos, con dos atados de cigarrillos y fotos carnet en mi bolsillo, sin indicaciones ni mucho menos, miré por última vez cómo marchabase mi ultima gota de aliento, caminando suave y despistadamente.
Luego de un rato noté una presencia acomodándose a mi derecha, con barba y lecturas.
Ahí fue cuando comprendí de qé se trataba todo aqello.
No era un complot de Walt Disney, ni una imaginación rara, ni algo qe me dijeron qe no me gustó. Nada de eso.
Era la realización de mi primer sueño de 11 años.
Era yo al qe estaba allí sentada rumbo a la cede del poder?
Aparentemente el vidrio de la ventanilla combinado con la mugre y el sol de las 12 me confirmaban el hecho.
Pasada una hora, yo anhelaba ver  puerto madero, con su Casino roba corazones y sus juegos mata gente, pero no aparecía.
Sin darme cuenta me los salteé y mis ojos ya se preparaban para ver el Obelisco... Monumento espantoso, sin sentido, alto, muy alto, de piedra, piedra piedra y flores.
Me bajé y me dije "y ahora qé hago? Bueno... tal vez baje al subte a preguntar..."
Pareja tras pareja, persona tras persona, nadie pudo responder con exactitud a la información qe yo demandaba, pero finalmente me rendí al poder gendarme.
Amablemente me explicó el recorrido como si fuera lugareña, hasta qe mi cara de desconcierto le explicó mejor de lo qe yo hubiera podido en palabras qe no entendía una mierda de a qé lugar se refería cuando exclamaba "vas hasta Catedral".
Catedral? Hay una Catedral acá, en esta ciudad furiosa, en esta bestia qieta e inmóvil, con vida interior agitada?
Me explicó con el mapa qe era una simple estación, y siguió con sus instrucciones.
Bien, compré dos viajes por las dudas... No; no sabía por qé había comprado dos viajes, simplemente los compré.
Primer parada, abajo.
Sirena una vez, sirena dos veces, indicación de qedarte donde estás, bajar y preguntar.
Estaba tan paranoica qe creí qe un hombre me seguía para robarme el celular, o algo así, entonces comencé a correr frenética por los andenes hasta subir la escalera y encontrar a la autoridad correspondiente.
Miré al suelo tímidamente y pregunté por la línea E, y luego de escuchar atentamente con cara de "como usted diga, pero no entiendo ni una sola palabra de lo qe me dice" partí por el camino "hacia la derecha, hasta el fondo..."
Hasta el fondo de qé? Del abismo? No tonta, hacia el fondo del pasillo para la línea E.
Lo qe no me habían contado era qe había una serie de ramificaciones qe me terminó de confundir, llegada "al fin del pasillo".
Tomé la primera, pero al llegar vi qe probablemente no era.
Salí contra la corriente; en esos lugares la gente es como hormigas de los experimentos de los dibujitos yankees, esas qe están en esas méndigas granjas de cristal, con tierra y esas boludeces.
Me atropellaron con un par de bolsas, y mientras recorría apresurada los pasillos, no podía evitar pensar qe todos sabían a dónde iba y qé
Cuando llegó el tren, qedé inmovil entre la masa, hasta qe la paranoia, qe retornaba, me obligó a moverme para qe no me robaran nada (la entrada, claro).
Cuando me senté sola, de espaldas al recorrido, no pude evitar pensar qe era como si viajáramos dentro de un gran cuerpo con venas, en una proteína transportadora, o en un glóbulo rojo.
Qé pasaría si fuéramos oxígeno con cara en realidad, y estuviéramos nutriendo realmente a un ser?
Yo creo qe hubieron más de 8 estaciones previas a mi destino, el último de la lista por cierto.
Pero corrida una hora más de mi reloj digital, bajé desfallecida en la Plaza de los Virreyes.
Me recibieron un paisaje hostil, junto con un tren callejero qe jamás había visto ni imaginado en mi vida.
Me animé a hacerla corta esta vez, y preguntarle al qe más experiencia sobre lugares insólitos podría tener, al qe limpiaba.
Un hombre rubio, medio calvo, de ojos claros y sonrisa triste me atendió.
Era joven, pero su rostro se veía invadido por un gris qe te da el desgaste con la melancolía, y opacaba sus perfectos rasgos, apagando sus mejillas y dejándolo prácticamente inválido.
No recordaba con presición la estación donde debía bajarme del llamado "premetro" (lo qe anteriormente denominé "tren callejero" aparentemente se llama premetro), pero me llamó a preguntarle al guardia del premetro.
Un hombre con aspecto baboso más qe caballeroso, regordete y sudado, me dijo qe tenía qe bajarme al final del recorrido.
"Muy bien..." me dije, "...otro fin de recorrido..."
Pero el tiempo pasaba en aqel desagradable vagón del cual subían y bajaban personas cuyas facciones me recordaban a las de asesinos seriales fuma-paco, y yo no podía más qe mirar por la ventana.
Siento decir esto, pero era como un "Villa-tour", una actividad rara qe deberían hacer los extranjeros más audaces visitantes del país.
"Cómo dice qe se llama este lugar? Villa Lugano?"
La cápsula se vació, y al verme en medio de un campo viado, le pregunté a una mujer joven qe estaba sentada frente a mí cómo llegar a destino.
Lamento informarles qe me respondió prácticamente en otro idioma, pero sonaba algo así:
"Al final, al final. El 91 te tené' qe tomar", y se bajó rápidamente, como si huyera de mí.
Al no comprender, caminé hasta la parte delantera y le pregunté al conductor, qe acompañado de un policia me dijo "sí, acá te tenés qe bajar nenita".
me abrieron la puerta, entre risas malintencionadas y parloteos.
Un señor acompañado de su hija de unos 4 años me dijo "vas para ese lugar? Tenés qe caminar todo por acá, cruzate. Serán unas.. 4 o 5 cuadras, y cuando llegues a las rejas verdes ya vas a estar. Igual los carteles verdes y rosas te van a guiar."
Le agradecí, o mejor dicho, le rendí culto, y luego corrí atravesando la calle.
Las cuadras, interminables. Las veredas, vacías pero llenas de un aire espeso, qe me azotaba con su ausencia y me deseqilibraba de a poco.
Una fila? Ya? ALELUHIA.
Llamadas, y encontrado el grupo, bebiendo Levité para calmar el calor desprendido del sol.
Veinte minutos, una hora... Qe sean dos y dos más, hasta qe nos dividieron en fila de ohmbres y de mujeres, y todas las acompañantes nos desplazamos, entre lamentaciones y abdicaciones, a nuestro nuevo lugar.
Pasado un corto lapso, ya ni hablábamos las extrañas arrancadas, desterradas.
Pero luego de otra media hora, nos abrieron las puertas, y para mí fue como el cielo mismo en el qe no creo.
una filita más, una simple revisión por una oficial qe primero lucía antipática pero me despidió diciendo "guardá todo corazón, qe no te falte nada!", y mi azar ya estaba dado.
Luego de fichar con al tarjeta, me devolvieron el papelucho plástico y la misma, ambos rotos en una punta en señal de qe ya habían sido utilizados.
Un poco de merchandising, nada qe me llamara la atención, aunqe le regalé a mi materialismo la oportunidad de tener pruebas feascientes de qe realmente había estado allí con un Line Up, para qe sucediera todo.

Simplemente corrimos.
No sabíamos bien qé decir, ni si debíamos hablar.
Ni nos miramos; nuestros ojos estaban invadidos por el alrededor qe se nos imponía resplandesciente, como campos dorados, campos de crema.
Mis retinas no lograban ampliarse lo suficiente para captar toda la grandeza qe me rodeaba.
Qería más, más y más de aqel paisaje qe solo vi en sueños y ni en sueños se asemejaba a lo qe se me presentaba.
Baños, un par de recargas de agua, y a la pista principal.
Placas plásticas unidas entre sí con tarugos grises me deslizaban hacia el frente, para observar al hombre más enérgico qe pude ver, y me vi agitando mi cabeza, sacudiendo mis manos, entre todo el frenesí qe se anunciaba previamente pero no aparecía.
No qería qe se terminara nunca, pero sabía qe cumplido ya un día iba a desear lo contrario.
Conocí cada carpa, miramos los respectivos mapas y acechamos el pasto qe nos llamaba.
En realidad yo no qería dejar de bailar, pero la historia era así.
Algunos con hamburguesas, otros con marihuana, y ya el ambiente se les había transformado.
Pero no para mí. Para mí todo conservaba aqel misticismo qe me permitía preguntarme a cada minuto dónde era qe estaba, respondiéndome algo qe me costaba creer y no creía.
No accedí a nada; ni carne ni porro. Agua para la niña extraña.
Luego de esa peqeña pausa en la qe ante mí todo flotaba en el aire, y los batallones ingresantes de personas qe parecían salidas de otro mundo simplemente por estar allí, conmigo, me acorralaban amistosamente, decidimos marchar.
Marchar con la marcha, marchar hacia la marcha, marchar para marchar, entramos en un lugar apenas iluminado, donde los morfinómanos contra los postes apenas movían la cabeza, y los del otro lado de la raya bailábamos.
Prontamente la noche cayó, apagando la esfera solar cada vez más, e insertando cada vez más emoción a mi cuerpo.
Cuando todo terminó de desamanecer, no podía dar crédito a nada.
Ya había perdido el sentido de la realidad por mí misma, y mirar a los contornos, qe se entrecruzaban con los árboles y los danzantes, enviaba mensajes de alegría, amor, paz, descontrol y satisfacción a mi previa salvadora.
"De nada" fueron las palabras qe volví a emitir, luego de las últimas dos horas, en las qe no había exhalado más verbo.
Bailábamos. Una situación incómoda, y luego de qe los hombres fueron por comida a la caverna, yo ya tenía intencionados mis tickets.
Champagne con speed, sonaba bien para potenciar.
Poco a poco, nos fuimos compenetrando con el entorno. La música, las luces, los cuerpos acalorados, los vasos en el aire, los cigarrillos en las izqierdas, los plásticos, los toldos, los "seguridad", los carteles, los llaveros, las mochilas, todo, éramos uno.
Mi mente se agitaba victoriosa, pensando en pensar nada, y olvidando toda vida previa a aqel instante.
Llovían tickets, llovía tabaco, emoción, combustible endorfínico, noradrenalina, y todos saltábamos uniformemente a la par de la nada.
Qe no iba a durar? Tu abuela!
Me sentí más viva qe nunca, y comprendí qe ese era el éxtasis del vivir, y no habñia necesitado ninguna sustancia para obtenerlo.
Era mío, propio, a mi manera, y eso retroalimentaba ese éxtasis qe me recorría desde la punta de los pies hasta el fin de la médula.
Ni pensar en parar.
Poco a poco, luego de encuentros y desencuentros buscados, nos vimos invadidos por el tenue amanecer, qe venía cabalgando suavemente, mezclandose con aqel horizonte perfecto alzado ante mí y todos.
Después de un corto paso por el toilette, el alba galopaba envolviendo nuestras testas, y tras un llamado salimos a lo qe sería la despedida, hasta el año próximo, de lo mejor qe había presenciado.
Larga espera, auto, autopista, taxi, explicaciones y A DORMIR!
Desperté por cuestiones de temperatura e incomodidad, me di una ducha, volví a cerrar los ojos contra mi almohada. Nada más importaba.





Creamfields-

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