▬A line allows a progress, a circle does not. ○

11.5.11

A lo lejos la diagonal; el chino en su bicicleta de tres ruedas; la mujer del traje flojo; el árbol de hojas rojas; la casa del boticario, mi destino al fin.
El verde descolorido de los muros de su residencia hacía una  pantalla donde la tenue luz de una vela llorosa hablaba. Cuando entrabas, te examinaba y proyectaba la sombra de la certidumbre de su decisión.
Una vez que entrabas (si es que lo lograbas) el anciano, cuyo semblante reflejaba muchos más años de los que el tiempo humano podría profesar, miraba dentro de tus pensamientos con una lupa de colores sujeta a un tubo opaco con una mirilla y muchas plumas colgadas alrededor de lo que parecía ser una manija plateada situada a mitad del objeto, en uno de sus laterales.
así encontré todo cuando fui por primera vez, tan redondo y extraño, tan acuoso e incierto que apenas pude creer que fuera un reflejo en el estanque, el espejo  eterno.
Él giraba la manija, y yo solo podía escuchar una música y ver muchos colores moviendose dentro de mis ojos, y pronto mis pensamientos e intenciones quedaron al descubierto frente al señor gris, sin que yo pudiera omitir ninguna idea o frenar mis confesiones.
Una vez finalizado el proceso, quedé atontada, mareada, y con una confusión que no me permitía ni llorar.
Extrajo un amplio recetario que abrió, y vagamente miró una página arrugada y humedecida. Revolvió entre sus frascos hasta que halló uno muy pequeño de color rojo, y vertió la mitad de su contenido en uno más grande.
Sin dudarlo, tomó uno negro y le puso dos gotas al más pequeño, lo selló y me lo entregó.
Esperé encontrar compasión en su mirada, pero lo más que dejó entrever fue el desdén hecho persona, u cuando me quise acordar ya estaba en la calle, otra vez.
Creo que llegué a casa, y no sentí impulsos de esperar. Cerré la puerta.
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Mis mejores prendas constaban de un vestido de un claro y lastimoso amarillo pastel, con detalles en blanco, algunas cintas y unos zapatos haciendo juego.
El rouge. Si mal no recordaba, lo había dejado guardado en el tercer cajón de la cómoda, junto a mi toilette de mármol con bordes dorados.
Surgía, rojo vivo, con manchas impecables en mi boca.
Tonos durazno para mis mejillas, rozagantes en aquellos tiempos de antaño...
Decidí soltarme el cabello. Hacía tantísimo tiempo que no me veía así, hermosa...
Lo lamenté por un instante.
Tomé el frasquito entre mis manos blancas.
Lindo, lindo frasquito rojo lindo, lindísimamente lindo lindo, con su contenido negro lindo, lindo como la noche linda, lindísimamente linda, que pasamos anteayer.
Adiós saquito, adiós tapita, adiós contenido, adiós vestido de encajes, adiós bosque luminoso, adiós rouge y cabello suelto, y cepillo de cerdas de la India, y toilette de mármol...
Adiós, adiós, adiós.

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