▬A line allows a progress, a circle does not. ○

15.6.11

Dimanche-Sunday-Sonntag

"Qué asesina me es la vida, cuando pienso en lo que falta recorrer sin prestar atención a lo recorrido.
No a lo que pasó, sino a lo que pasa."
Notas mentales, punto y aparte de la consciencia fugaz de cualquier ser parecido a cualquier ser que anda por ahí, largando dióxido de carbono y teniendo el descaro de creer que por eso vive.
Pero el llegar a tal observación hace imposible que dicho desvividor de vidas sea el que la elaboró, el que la sufrió, el que la sangró (porque no se puede llegar a ese banderín del camino y mirarlo sin mínimamente lloar, o maldecir, o querer cortarse un brazo y tratar de recomenzar vía tubo de gardenal...)
No importa, anacronismos humanos, el hacedor al final se reconoce com hacedor en su imaginario, se regodea anónimo, y podemos ser todos. Osaría a decir que en cierto punto de nuestras vidas, somos todos.
Hoy es el frio, la lluvia, el domingo, el ayer-mañana, la marcha desolada de piernas autónomas que parecieran querer escapársele. Desilusiones en un tarrito, de esos donde se juntan piedritas blancas para tirar al charco cuando uno es chico, para borrarlas, para desparramarlas en una disposición no planeada (por eso no podemos hacer lo mismo en nuestra adultez; jamas nos prestaríamos al juego del completo azar sin siquiera saber nuestro objetivo, y todo cobraría un medio dialéctico para dejar de lado frustraciones, y el hechizo liberador de desilusiones no serviría, como ir a ver a los duendes al Bolsón).
Con la cara que provoca caras de lavarropas, de jabón blanco para fregar manchas y dejar la camiseta un poco más gris, un poco más corrompida, fluir desentrenada, encantada por la magia de un eternal soaring, el polvo atmosférico y la luz proyectada encantadora en semejante coloide, es un aliado más esta tarde de sentirse chiquita, de ser pequeña y minúscula, y vacilar primero de inseguridad, para luego compartir sol-de-cinco-de-la-tarde-de-verano con las mini-partículas alegres, invisibles tanto como querer ser. Me arriesgaría a decir que esos eran los pocos momentos de felicidad; la comprensión no se cobraba, y todos se reducían bellamente a uno, a algo que de tanta empatía parecía tener densidad y calor, cuando las leyes físicas lo impedían.
No sé si todos atravesamos estos períodos de hibernación sentimental. Son de corta duración a nivel temporal-humano, pero son como la noche helada del alma (con oscuridad, murciélagos, figuritas viejas desteñidas y nieve malformada). Y transcurre... sencilla... Y uno busca la luz, como un tonto. Y se la choca sin saberlo, como esos bichitos que tanto asco me dan, que se rompen miles de veces la testa microscópica contra la lámpara, provocando un ruido espantosamente hueco y seco, y no se detienen hasta que harta, apago la luz para que ninguno de mis sentidos salvo la imaginación pueda verlo.
Y quedamos a oscuras de nuevo, o más que antes, y recaigo en hablar "yo", yoyoyoyoyo, para transformar esto en futuras viejas notas, en supuestos indicios de óperas primas, en autoconformismo de sentr que expié mis dolores ajenos, en lavaje de estómago, en lobotomía idiota.
Y sin embargo, volver a la angustia axial no superada, ratada de proyectar en otros, de un día domingo.

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